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lunes, 13 de agosto de 2012

"Como gallina mirando sal"


Hoy hablaba con un amigo y me decía que mi madre se merece más posts en este blog, y tiene toda la razón. Mi madre es un personaje cuya presencia está regada por casi todas las entradas, ya que antes de escribir cada una y ponerme a pensar de qué c*** voy a hablar –mejor me empiezo a censurar desde ya porque lo que viene es candela- suelo recordar, la mayoría de las veces inconscientemente, algo que me haya dicho mi madre al respecto. Vivo con ella hace dos años y es como vivir con una amiga, con todo lo bueno y lo malo que esto puede traer, pero menos mal que son muchas más las cosas buenas (hola mami :D).

Las ocurrencias de mi madre son muchas y muy espontáneas, me ha costado documentarlas porque son fugaces y las dice una tras otra, pero cuando las recuerdo, sobre todo los refranes, es como poner un cd del Conde, o bueno, tanto así no, mi mamá no es así de vulgar, pero sí ocurrente. Ahora iré plasmando uno que otro refrán –con su respectiva “traducción”- importado directamente de ese pueblo fantasma entre Barranquilla y Cartagena de donde vino mi madre, una tierra muy pintoresca como verán, como toda la costa colombiana:

- Al que nunca ha tenido gallinas hasta la mierda le parecen huevos. Este es mi favorito hasta ahora, se refiere a la gente que se maravilla por las cosas nuevas con mucha facilidad o que se jacta de algo como si fuera el primero en descubrirlo, cuando en realidad ya tiene tiempo rodando por ahí y suele quedar en ridículo o resultar fastidioso.

Cuánto odio en una sola mirada.
- Lo miró como gallina mirando sal. Este le gusta a mucha gente, porque se imaginan a la gallina mirando de lado –ustedes saben, los pájaros tienen los ojos a los lados, no de frente como uno, porsia- y tratan de imitarla, entonces me preguntan “ya va, ¿cómo miran la sal las gallinas?” Bueno mis queridos ignorantes de la vida campestre, resulta que a las gallinas no les gusta la sal mucho que digamos, así que se imaginarán lo que quiere decir este dicho.

- Camina como burro trepando loma. Usado para burlarse de lo lindo que caminan las mujeres con esos taconsotes que tan de moda están, pero que deberían venir con un manual interactivo o clases particulares para aprender a usarlos. Sí mis hijas, así caminan, como un burro subiendo una loma. Quiéranse, porfa.

- Ando caminando como un loro. Esta imagen me da mucha risa, porque hace años tenía una lora, y los que han tenido loros o guacamayos saben cómo caminan. Este lo usa cuando está muy cansada y ya no puede ni caminar, o cuando los zapatos le molestan y le duelen mucho los pies. También lo usa para burlarse de mí cuando llego muy cansada de la calle, trollmom is troll.

(Sección +18)
- De algún culo sale sangre. Madre, por dios, detente. Detesto ese refrán por la imagen tan grotesca, sobre todo porque un amigo muy lindo una vez la relacionó con hemorroides y no puedo evitar sentirme solidaria con los que padecen este mal, que además de terrible es hasta cómico, lo siento. Este lo usa para DAR ESPERANZAS, ¿OK? Debajo de estas horribles palabras subyace un mensaje de fe y optimismo, que sería más o menos “todo mejorará, la solución existe, en algún momento aparecerá, y si no, resolvemos como sea, pero pa’lante”, o algo así, pero feo.

Y a continuación, tengo el horror de presentarles el refrán con el que decidí cerrar este post:

- Quiere cagar más arriba del culo. Esta joya de la sabiduría popular es un grito irreverente ante las personas que se creen superiores a los demás y quieren demostrar esa supremacía a toda costa, ya sea tratando de erguirse tanto y sacar pecho que se dobla hacia atrás y parece una paloma (seguro mami tiene un refrán para eso y aún no lo suelta) o esa gente que se la quiere dar de muy fina y llega pidiendo un guinedo –en Maracaibo se dice mucho guineo en vez de cambur- en la frutería, o mejor aún, esa gente sifrina ‘e barrio con su comportamiento súper ridículo, que no hace más que dar risa con sus botas de peluche y sus franelillas de tiritas Ovejita –usadas al mismo tiempo, a veces con un leggin en vez de un jean- por la vida.

Bueno, espero que hayan disfrutado este post, y si no, le preguntaré a mi madre qué refrán les puedo dedicar por sapos. Hasta la próxima.

viernes, 10 de agosto de 2012

Mi madre, la inmigrante


Creo que no he contado muchas cosas sobre mi madre en lo que llevo de blog, y ella se merece más de un post en realidad. Los que me conocen y me han oído hablar de ella sabrán que no lo digo simplemente por lo cursis y sentimentales que nos pone hablar de nuestra madre, sino porque la mía es algo, digamos, especial. Mi madre es la mata de las ocurrencias, me ha enseñado dichos tan certeros y cómicos como “al que no ha tenido gallinas hasta la mierda le parecen huevos”, haciendo referencia a los que se deslumbran por cualquier cosa, para los que no lo hayan entendido. Y bueno, hay muchos más cómicos –y algo obscenos...- pero se merecerían un post aparte.

Mi madre es costeña, es decir, viene de un pueblito de la costa colombiana, entre Barranquilla y Cartagena. Bocatocino -qué nombrecito- es medio fantasma, es un pueblito muy olvidado, casi como Cojedes acá. Lo curioso de esto es que seguro se imaginan que se la pasa todo el día comiendo arroz y oyendo vallenato, o algún otro cliché colombiano. La verdad es que mi madre es tan colombiana como yo maracucha, y reacciona con un “mi alma” muy parecido al mío como cuando me dicen “ajá y tú seguramente te sabes muchas gaitas y comes mucho patacón, ¿no?”.

Odio la gaita, no la soporto, los gaiteros me parecen la gente más echona y ridícula del Zulia, muy pocas gaitas me gustan en realidad. Lo mismo ocurre con mi madre y el vallenato, detesta a esos tipos llorones que tan populares son en nuestro transporte público, su gusto se limita a los vallenatos de carnaval, que son realmente festivos y disfrutables, un vacilón, pues. En realidad mi madre y yo preferimos el rock, ella ama los Beatles y casi toda la música pop anglosajona que pegó en los 70-80, yo soy de un poco más acá, aunque igual disfruto un mundo la música que ella escucha. Como en mi casa nunca tuvimos televisión por cable en mi niñez, nuestra salvación eran los conciertazos que ponían en Televisa en las noches, así siempre veíamos los conciertos en blanco y negro de los Beatles y ella me decía “mira Luci, esos son los Beatles” mientras yo de 4-5 años brincaba en la cama sin parar, porque me encantaba su música. Ya después los veíamos y yo le decía “mira mami, los Beatles” y nos quedábamos como lelas viendo los mismos conciertos blanco y negro una y otra vez.

En una casa donde nunca faltó un cuatro y mi papá y mi tío son gaiteros a morir, bueno, más mi papá, mi tío es super fan de la música disco y de grupos como Air Supply y los Bee Gees (huelga decir que también puedo pasar todo el día oyendo música con él), sin embargo les gusta mucho amanecer bebiendo y tocando gaitas, y de vez en cuando me hacían víctima de sus veladas poniéndome a cantar gaitas. Como sabrán, las mujeres gaiteras suelen ser una vaina super chillona, algo muy fuera de mi registro porque soy mezzosoprano y en los coros siempre canté con las contraltos, es decir, las machas del coro. Eso lo supe después cuando salí huyendo para buscar otra forma de poder cantar que no fuera sufriendo con las malditas gaitas, pues ya medio borrachos e impertinentes solo se les ocurría decirme que yo cantaba mal porque no podía cantar como Lilia Vera. Así que bueno, por eso no me gusta la gaita, y a mi mamá tampoco por los dolores de cabeza que le daban esos viejos borrachos. Por eso cuando les digo que los gaiteros son despreciables, lo digo porque conozco a un montón de viejos de esos, amigos todos de mi papá.

Entonces sí, mi mamá me salvó de un suicidio musical, nada de vallenatos llorones ni de gaitas chillonas y espantosas, siempre me llevó por el camino del buen gusto y las melodías agradables, y eso que ni siquiera les he hablado de lo bonito que canta. Por eso, cuando algunos panas y conocidos se ponen a hablar mal de los colombianos, ni me ofendo. Mi madre sabe cómo son sus compatriotas, más de una vez la han estafado y ella misma ha dicho “por eso es que nos tienen como una basura”. Ella es todo lo contrario, no será perfecta, pero entre otras cosas, es la mata de la honestidad. Ha perdido quién sabe cuánto dinero por no engañar a ninguno de sus compradores, pero ella sabe que es lo correcto, y eso fue lo que mejor aprendí. Y aquí estamos, dos tipas que caminan con la bandera de la honestidad, aunque por eso nos tomen por pendejas y la mayoría del tiempo andemos medio pelando, pero sabemos que es lo correcto. Mientras no se metan con nuestro equipito para poder oír nuestros Beatles y toda esa música genial que nos gusta, no hay problema, al menos en buen gusto ya les ganamos y eso no se compra con nada.