jueves, 2 de agosto de 2012

Cristo huele a menta


O algo así, también podría ser árnica, o alcanfor. Toda mi vida he vivido a pocas casas de un templo Adventista del Séptimo Día, pero ninguna vez he interactuado con ni visto de cerca a alguien de allí. La verdad nunca he visto a nadie allí, solo al vigilante que se encarga de guiar los camiones cisterna por el estacionamiento cuando al agua le da por irse de fiesta a otras tuberías por una semana o más. Lo mismo pasa con la Sociedad Hermética, de la cual me separa una cuadra, y con el Templo Masón que me queda un poco más lejos: jamás he visto a nadie entrar o salir de ellos, aunque con la Sociedad Hermética quizás es un poco obvia la situación, si es hermética nadie entra y nadie sale, ¿no? O al menos así decía un buen amigo cuando pasábamos por allí.

El hermetismo de dicha sociedad se acabó el día que se acabaron los recursos, imagino. Hace como 6 años empezaron a hacer ventas de garaje -modalidad que no cuaja muy bien en esta sociedad- y fui a una por curiosidad a ver si me topaba algún libro interesante. Luego de las muchas biblias me aburrí y la entusiasta, linda y rubia señora que atendía me ofreció un Cocosette. A 5 bolívares me pareció caro y me fui, sin embargo ella no dejó esa sonrisa que ya se veía medio gastada o incierta, quizás de tanto ofrecer Cocosettes y que te los rechazaran, o de no vender ni una biblia. En fin, el asunto es que ella era la única persona que había visto allí, y cuatro o cinco ventas de garaje fallidas más tarde ya no estaba el letrero que decía SOCIEDAD HERMÉTICA y dos o tres señores gordos cerraban las puertas con candado antes de irse. No he vuelto a ver con interés esa casa, de hecho casi ni paso por esa calle, así que ya no sé qué hay allí.

Con el templo masón me pasa lo mismo que con el templo adventista, solo veo vigilantes o señoras de limpieza, y los miércoles -día de reunión de los miembros- muchos carros y humo. Una amiga me dijo que eran adeptos a fumar marihuana y beber hasta la inconsciencia los miércoles, jugar dominó y esas cosas. Si Bolívar realmente era masón, puede que me agrade un poco si esa costumbre era la usanza en su época. Aparte del letrero que decía TEMPLO MASÓNICO REGENERADOR (no entiendo aún lo de “regenerador”, tampoco me interesa mucho googlearlo) hay uno que hace referencia a una biblioteca. Una vez me acerqué a ver si podía entrar, pero el vigilante vaciló para decirme el horario o si podía o no, al final me ignoró y siguió oyendo su emisora AM con guaracha. Ahora que lo pienso quizás fue porque soy mujer y esa hermandad es solo de hombres, o quizás porque pensó -como mucha gente en esta sociedad bibliota*- que solo los locos quieren entrar a una biblioteca y me ignoró para no meterse en un peo.

El asunto es que hace dos días me pasó algo curioso saliendo del trabajo. Caminando en sentido contrario al mío venía una mujer de cabello largo y recogido, vestía falda y blusa del mismo tono verde horrible y unos zapatos de abuelita que en conjunto era lo más desabrido que he visto. Cuando estuvo más cerca vi que era joven, llevaba una pequeñísima sonrisa medio pendejita y cuando pasó a mi lado, olí la brisa que dejó. Suelo hacer eso, la apariencia y los olores pueden dar una imagen muy certera de alguien, o al menos eso suelo pensar en mis compulsiones prejuiciosas. El caso es que la mujer de vestimenta desabrida olía a algo mentolado o alcanforado, es decir, olía a vieja. Su juventud, su olor y su ropa del mismo color del templo adventista me hizo inferir que trabaja o venía de allí, además, tenía esa pinta de ‘evangélica’ o ‘testigo de Jehová’ que todos conocemos. ¿A dónde voy con todo esto? Bueno, a dar cuenta de algo que vengo pensando desde ese fugaz encuentro. La fiebre por Cristo te envejece, te pinta una sonrisita pendejona en la cara, te hace vestir feo (a menos que seas pastor(a) o vayas a alguna iglesia de gente con reales) y, en conjunto con la apariencia vejucona, te hace oler a vieja. Las viejas tienen diferentes olores, pero todos terminan en ungüentos mentolados, el alcanfor de los escaparates donde guardan su ropa o ese olor a mierda de pájaro que siempre acompañó a mi nana mientras tenía una lora, porque a las viejitas les gustan los pájaros y no sé por qué. Entonces quizás Cristo también huele a pájaro, cuando me cruce a otra persona que provenga del templo adventista se los confirmo.



*Bibliota: Según una profesora, es la gente que compra y compra libros y no lee ninguno. A veces me siento medio bibliota, pero creo que es una palabra que puede adaptarse mejor a lo imbécil que es la gente en esta ciudad con respecto a la literatura y las bibliotecas. Unos idiotas, pues.

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