miércoles, 1 de agosto de 2012

La chévere


Hola, posibles lectores, bienvenidos a este blog. Este es un proyecto que he decidido hacer durante el mes de agosto, en el cual publicaré un texto diario sobre cualquier cosa que se me ocurra, y créanme que se me ocurren muchas. Esto surgió a raíz de que siempre estoy pensando peperas, algunas las descargo en Twitter, otras en Gtalk con algunos amigos, quienes coinciden en que hace tiempo que debí haber empezado a plasmar todas esas peperas en algún lugar, escribirlas, hacer un stand up, cortometrajes, qué se yo.  La verdad es que la pereza y la pensadera no me habían dejado llevar a cabo la materialización de esas peticiones, hasta ahora. ¿La razón? No sé, pregúntenme otra cosa, o lean, quizás encontremos la respuesta entre tanta pepera. Además, espero que se diviertan un poco, es más o menos la intención de este blog. “Tripear”, dice una pana.

Bueno, ahora, permítanme presentarme.

Mi nombre es Carmen Romero y soy de otro mundo.

Siempre he creído que no pertenezco a esta realidad; no que estoy viviendo un sueño, no, más bien un castigo. Tengo la firme convicción  de que provengo de otras tierras, otro reino, donde las colinas son tan verdes que dan ganas de llorar y los castillos tan blancos que erizan la piel. El cielo quizás es morado, no lo recuerdo bien, pero si recuerdo que en mi vida no había maldad, era un lugar sereno donde la paz y la racionalidad eran nuestra bandera. Creo que era algún tipo de soberana, no lo recuerdo bien, y si no lo era, sé que era amada por las personas que me rodeaban, superiores, iguales e inferiores, y la música jamás dejó de sonar.

¿Qué qué hago aquí? Bueno, los conflictos no son exclusivos de este mundo terrible y espantoso, infiero que alguna bruja malvada con ganas de fregarme la paciencia me atrapó en este lugar, negra, para colmo, y la única forma de regresar a mi tierra es muriendo. Podrán pensar que estoy loca por pensar algo así, pero la verdad no me importa. Si ustedes quieren creer en un dios y en una vida después de la muerte en algún paraíso celestial, creo que puedo creer lo que me da la gana. Prefiero creer que cuando muera volveré a mi tierra con mi gente, en vez de no tener la certeza de a dónde voy a parar. Yo sé cómo es mi tierra, ustedes ni se imaginan como es su cielo.

Quizás más que mi ateísmo (discutido, otro día hablaré de eso) los regañó un poco lo de “negra, para colmo”, pero créanme que me lo he tripeado mucho. En una sociedad como esta, discriminatoria  por debajo de la mesa, es un poco confuso ser “la negra de la casa”. Ni siquiera soy negra, soy morena, pero entre tanto blanquito, soy la negrita. 

Toda mi infancia escuché cosas como “lástima que no sacaste el pelo/la nariz/la boca/el color tan chévere de tu abuela/tu padre/tu tío/tu abuelo” y no sabía cómo sentirme al respecto, hasta que a los 9-10 años descubrí una caja de libros y luego de leerlos y no tener con quien hablar de ellos supe que la chévere en ese manicomio era yo, y 12 años y una licenciatura después (la primera de la familia, en Letras, y muy peleada) aún lo sigo creyendo. La única manera de ser o sentirse despreciado, es despreciarse uno mismo. 

Si me creo y estoy segura de que soy la chévere, habrá quien me ame por chévere, o quien me odie por chévere, pero no habrá duda de que, odiada o amada, soy la chévere. 

¿Si me estoy explicando? Uno es lo que quiere ser, negra, princesa de algún mundo lejano, la boba, la chévere, y de verdad que prefiero ser la chévere, o una negra chévere también. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario