sábado, 11 de agosto de 2012

Perdóname


Apenas ayer me enteré de la existencia del término crooners, y su significado y contexto histórico social me sorprendieron un poco. Un crooner es un trovador, se usa –o se usaba- para referirse a un cantante masculino de voz grave y profunda, aunque en la época se usaba más con un tono burlón o peyorativo, por lo que cantantes como Sinatra se molestaban o al menos preferían no ser llamados crooners. Me recuerda un poco a lo que sucede en la actualidad con los hipsters, aunque estos muchachitos quisieran tener un onceavo del talento que tenían los hipsters de aquella época, quienes seguramente hubieran hecho llorar a estos niños que ahora se hacen llamar hipsters con solo soplarles el humo de sus tabacos en la cara.

En fin, esto de los crooners llegó a mí gracias a Facebook, ¿quién lo diría, no? Me encontraba jugando SongPop con dos amigos que siempre me retaban con esta categoría, y no entendía de qué se trataba hasta que una de ellos me lanzó un wikipediazo en la cara para que no le siguiera preguntando al respecto. Para los no entendidos, SongPop es una aplicación que se supone pone a prueba tus conocimientos musicales, pero creo que en realidad lo que prueba es lo rápido que puedes mover el mouse para seleccionar la opción que crees correcta. En los retos todos los artistas que me salían eran cantantes anglosajones que en su época hicieron morir de amor a más de una y aún estando muertos lo siguen logrando hoy en día, y de verdad me sorprendió cuando una de las opciones llegó a ser Julio Iglesias, pues era el único hispano que me había salido hasta ahora. No es por dudar de las capacidades de Julio Iglesias, pues está más que demostrado que es tremendo artista, pero no imaginé que un cantante hispano fuera considerado un crooner, lo que me hizo pensar un poco con respecto a este asunto.

Nino Bravo, para los no entendidos.
Una belleza, ¿no?
Si echamos una mirada hacia atrás, digamos unos 40 años, encontramos una gran cantidad de cantantes masculinos que hicieron su agosto con las mujeres de la época, usando como armas esos pantalones ajustaditos de botas acampanadas, las camisas desabotonadas hasta el pecho y, por supuesto, esos peinados que actualmente están de moda entre las señoras. En diversos idiomas, este modelo de artista se reprodujo alrededor del mundo, y como no había internet las cosas no llegaban tan rápido a latinoamérica, aparte de que hablar inglés no era imprescindible como en la actualidad, por lo que se hacían versiones en español de éxitos anglosajones, como My way, que llegó acá como A mi manera, y ustedes me dirán si triunfó o no. Algunos dirán veeeee, estás descubriendo el agua tibia, pero no me importa. A lo que quiero llegar es que en el mundo hispano tuvimos nuestros crooners aunque no fueran llamados así, y nombres como Camilo Sesto, Nino Bravo, Leonardo Fabio, Raphael –oh, Raphael, cuántas conversaciones incómodas con mi abuela me has dado por culpa de tu sensualidad-, Gardel, ¡Pedro Infante! No han dejado de sonar ni un solo día y siguen ganando seguidores aún en la actualidad. Una de esos seguidores soy yo, y por eso me he ganado que me llamen doña, pero ustedes me dirán, ¿son comparables esas voces a alguna voz popular en la actualidad? No me vengan con Il Divo, pues esos muchachos aunque muy talentosos transmiten los mismos sentimientos y sensualidad de una nevera.

Antes se jugaban muchas más cosas, la cosa era más intensa, ahora todo es verse bonito y un par de escandalitos. Es cierto, estos crooners también venían un poco manufacturados y sus outfits los delatan, pero era otra cosa, ¿no? No sé si serán vainas de doña, pero yo estoy convencida de que sí. Siempre me despierta una gran curiosidad el hecho de que tantos hayan muerto violentamente, como Gardel, Infante y Nino Bravo –avión, avión, le gustó la vainita con el acelerador de su carro nuevo, ¿ven que eran intensitos?-; entonces me pongo a pensar, ¿y si aún estuvieran vivos? Me gustaría pensar que hubieran conservado un poco de su maravillosidad y no se hubieran vuelto una vieja fea como Camilo Sesto, o un negado a la vejez bañado en suéteres cuello de tortuga como Raphael. Yo igual los seguiré oyendo, pues me encantan, y espero que ese sentimiento nunca muera*.

*ESE sentimiento, pero a Sentimiento Muerto sí lo pueden dejar morir, por favor, se los suplico. Gracias.

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