viernes, 17 de agosto de 2012

Un fascista en Maracaibo


Hoy tuve una velada interesante con algunos amigos en la Calle Carabobo, y como siempre que estamos allá, terminamos hablando de cualquier tema filosófico o profundo, o como yo le digo, vainas de hombres borrachos. Empezamos hablando de ópera, poesía, idiomas, pasamos por astrología, religiones, experiencias sobrenaturales “inexplicables”, filosofía, la segunda guerra mundial y por supuesto, sexo. Vale decir que de todos los temas que discutimos solo creo en la ópera y el sexo, porque la ópera es la perfecta conjunción de todas las artes (poesía, teatro, música e incluso plástica) y porque gracias al sexo todos estamos en este mundo, así no nos guste mucho pensar en nuestros padres y abuelos en semejante faena, pero es así.

Sin embargo, mi atención se detuvo un poco en el tema de la segunda guerra mundial, pues con la cosa de Hitler, la Alemania nazi y todo eso, recordé dos anécdotas que me contaron dos personas cercanas a mí en determinado momento, empezaré con la más reciente.

Hace poco empecé a estudiar alemán en LUZ pero lo tuve que dejar por motivos laborales y monetarios, además de que no me gustaba mucho madrugar los sábados. En una de las muchas charlas que tuvimos con nuestra profesora, tocaya y coetánea mía pero psicóloga, en las que siempre le pedíamos que nos contara sobre los dos años que vivió en Alemania, nos contó que le interesaba la historia universal. Como todos sabemos, las guerras mundiales han sido –muy lamentablemente- los acontecimientos más significativos del siglo XX, y ella, aprovechando que estaba en Alemania, quiso buscar algún material en alemán sobre ese episodio, pero su búsqueda fue en vano. Curiosamente, en Alemania está prácticamente vetado el tema de la segunda guerra mundial y Hitler, la gente se hace la loca si le preguntas algo al respecto, les da mucha vergüenza. Imagino que ha sido difícil para ellos quitarse el estigma del nazismo, pero no sé si esa actitud sea la más correcta. En fin, qué chimbo por mi profesora, y qué chimba es la guerra que hace que esas personas se avergüencen de algo con lo que no tuvieron nada que ver, al menos la mayoría.

La otra anécdota nos la contó a mi mamá y a mí un amigo de ella, un señor italiano, viejito viejito, como de 90 y pico de años, que peleó en la segunda guerra mundial. Las marcas de la guerra se ven en sus manos casi inútiles, pues en el campo de batalla trató de protegerse de una explosión con sus manos y esas se llevaron la peor parte, menos mal que no las perdió. Ahora, la cosa realmente curiosa es la siguiente: ese señor peleó para Hitler, pero desde las filas de Mussolini, y lo más curioso del asunto es que no se arrepiente. Es fiel defensor del fascismo, y dice que las personas que lo critican no tienen ni idea de lo que están hablando, que Mussolini era un buen hombre y que Hitler era un loco. Jamás creí que tendría la oportunidad de conocer a alguien que hubiera peleado en la segunda guerra mundial, y mucho menos que me contara sobre su experiencia  en ella con tanta tranquilidad y convicción, y muchísimo menos aún que hubiera peleado para Hitler y Mussolini voluntariamente y aún defendiera el fascismo.

De todas formas la guerra no es un tema que me interese mucho, es sencillamente la máxima expresión de la infinita idiotez humana, y nunca nadie me podrá convencer de lo contrario, no se puede justificar lo injustificable.

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