miércoles, 15 de agosto de 2012

El galán de Veritas


Hoy me pasó algo curioso, pero primero les explicaré más o menos dónde vivo:

Vivo en el sector Veritas, un sector muy popular de Maracaibo, cuya principal característica son las cañadas que lo atraviesan. Frente a mi casa pasa una cañada pequeña pero bastante amplia, mucha gente vive allí desde hace muchísimos años y la corriente nunca se ha llevado ninguna casa, pues en realidad no hay una corriente como tal, solo es una hondonada que se pone desastrosa con las lluvias. En esa cañada hay muchas ramificaciones, o callecitas, o callejones, lo que facilita que muchos bandidos puedan reunirse tranquilamente. Es decir, es una cueva de malandros. Sin embargo, en Maracaibo los malandros trabajan de una forma diferente, o al menos en este sector al ser popular pero no un barrio miserable. Aquí no hay carteristas, o al menos no se meten con la gente de por aquí, tal vez se metan a tu casa en la noche a robarte las sábanas que de dejaste secando en el patio –una vez en mi casa se metieron y se llevaron la ropa interior de mi tía, wtf-, pero no es muy frecuente, aquí son unos tipos organizados y ambiciosos, clonan tarjetas de crédito y cosas así, o simplemente se van a otros sectores a robar. En fin, la cosa es que para ir a 5 de Julio, una de las calles principales de Maracaibo, debo atravesar esa cañada, o al menos ese es el camino más corto, aunque desde hoy creo que dejaré la pereza. Les explico por qué...
Así NO son los malandros en Maracaibo.
Bueno, tal vez en La Limpia, pero eso es
un pueblo aparte.

Subiendo para 5 de Julio, ya saliendo de la cañada, están unos malandritos jugando futbol en la calle, y uno que venía bajando frente a mí, supongo que para unirse al juego, se detiene como 2 metros delante de mí, se quita la gorra, sacude el pavimento con ella y con un ademán que evocaba una reverencia muy cursi me abre paso y me dice “buenas tardes, princesa”. Esa vaina me dio demasiada risa, y los chamos que lo acompañaban se rieron también. No digo que no me dio miedo, me da pavor tener a algún malandro tratando de conquistarme y que me haga daño a mí o a mi familia por no pararle, pero sé que eso no pasará porque primero, no se meten con los vecinos, y segundo, no soy una tierrúa de esas que se roban los corazones de los malandros con sus uñas de 15cm y sus botas de peluche.

La cosa es que siempre he tenido una relación extraña con la gente de la cañada, aunque no hable con nadie, la verdad no conozco a casi nadie de por aquí. Cuando estaba de moda la telenovela Cosita Rica me decían Paula C cuando bajaba por la cañada, no entendí jamás por qué lo hacían porque en esa época estaba aún más gorda que ahora y me vestía de muchas formas menos pavita. No sé, es algo raro, los niños me tratan con respeto y los hombres y muchachos ni me miran, ni me dicen esas babosas buenas taaaaardesssss que le dicen a las demás, pero esa situación me hace sentir extraña, pues no sé si sentirme bien porque no me sadiquean ni me joden, o sentirme amenazada porque les caigo mal y me quieren atracar o algo. La verdad no sé, pero después de que una perra tratara de morderme subiendo para mi casa y el suceso con el galán de la gorra, creo que dejaré la pereza y dejaré de meterme por la cañada. Solo espero que por la poca frecuencia con la que los malandros me verán ahora no olviden que soy de este sector, de por aquí,  y me vayan a atracar o algo. Así es Maracaibo, señor turista, lo recordará igual que yo

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